Lectura bíblica: Marcos 2:27–28
«También les dijo: El sábado por causa del hombre es hecho; no el hombre por causa del sábado. Así que el Hijo del hombre es Señor aun del sábado» (Marcos 2:27–28, Reina-Valera 1909).
Al llegar el viernes, podemos estar tan pendientes de terminar lo que queda de la semana que apenas pensamos en cómo queremos vivir el sábado. Preparamos la comida, adelantamos una tarea y organizamos lo necesario para ir a la iglesia. Esa preparación es importante, necesaria. Nos permite dejar a un lado algunas ocupaciones y dedicar a Dios el tiempo que Él apartó y dedicó para estar juntos.
En Marcos 2, encontramos a los discípulos arrancando espigas mientras caminaban por los sembrados un sábado. Los fariseos cuestionaron lo que hacían. Jesús les recordó una ocasión en la que David y sus acompañantes tuvieron hambre. Después les dijo que el sábado fue hecho por causa del hombre y que Él es Señor de ese día.
Las palabras de Jesús nos ayudan a pensar en las personas que tenemos alrededor. Podemos estar tan concentrados en las actividades que habíamos previsto para el sábado que pasemos por alto una necesidad delante de nosotros. Tal vez alguien llega a la iglesia por primera vez y se queda solo. Quizá una persona que suele acompañarnos está enferma y necesita que la llamemos.
En el siguiente capítulo de Marcos, Jesús entra en la sinagoga y se encuentra con un hombre que tiene una mano seca. Allí pregunta si es lícito hacer el bien en sábado y luego sana al hombre. Podemos aprender de la atención que Jesús le dio a este hombre mientras todos estaban pendientes de lo que Él iba a hacer.
¿A quién podemos prestar atención y ayudar este sábado?
Puede ser alguien de nuestra propia casa con quien apenas hemos conversado durante la semana. Podemos sentarnos a escucharlo con calma. También podemos invitar a alguien a comer, visitar a quien está enfermo o leer la Biblia con una persona que necesita ánimo. Al preparar el sábado, podemos hacer espacio para muchas de estas cosas.
Dios nos dio el sábado para descansar y dedicarle tiempo. Al reunirnos para adorar, escuchar su Palabra y compartir con otros, podemos ver cuánto nos cuida y aprender nosotros también a cuidar de quienes nos rodean.
Al terminar esta semana, pensemos en una persona a la que podemos acercarnos. Pidámosle a Dios que nos ayude a ver lo que necesita y a servirla con la misma atención que Jesús mostró.