Lectura bíblica: Colosenses 3:15–17
«Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, a la cual asimismo sois llamados en un cuerpo; y sed agradecidos. La palabra de Cristo habite en vosotros en abundancia en toda sabiduría, enseñándoos y exhortándoos los unos a los otros con salmos e himnos y canciones espirituales, con gracia cantando en vuestros corazones al Señor. Y todo lo que hacéis, sea de palabra, o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por él» (Colosenses 3:15–17, Reina-Valera 1909).
A veces terminamos el día pensando solamente en lo que faltó. Aquello que no hicimos o no pudimos conseguir. Una tarea que no completamos. Una respuesta que seguimos esperando. Algo que salió de una manera distinta a la que deseábamos. Todo eso ocupa nuestra atención y podemos pasar por alto el bien que también recibimos.
Pablo invita a los creyentes a ser agradecidos. En este capítulo habla de una vida en la que hay compasión, humildad, paciencia y amor. También nos llama a permitir que la palabra de Cristo habite en nosotros. La gratitud también forma parte de esa manera de vivir y relacionarnos.
Agradecer requiere prestar atención. Podemos acostumbrarnos tanto a ciertas cosas que dejamos de reconocer su valor, dejamos de apreciar tenerlas. Tener alguien que nos escucha. Una persona nos ayudó. Alguien sonrió y nos trató con amabilidad. Lo normal de cada día también puede darnos motivos para agradecer.
¿Qué estamos dejando de reconocer porque nos parece algo pequeño o porque siempre ha estado ahí?
Podemos empezar por mirar con más cuidado. Recordar una muestra de cariño. Reconocer el esfuerzo de quien nos acompaña. Dar gracias a Dios por su Palabra y por las personas a través de las cuales hemos recibido apoyo.
Habrá días difíciles en los que agradecer nos cueste, eso es cierto. Pero podemos hablar con Dios acerca de lo que nos duele y también reconocer aquello que nos sostiene. Las dos cosas pueden estar presentes en una misma oración. No necesitamos esconder nuestra tristeza para acercarnos a Él con gratitud.
Pablo también relaciona el agradecimiento con nuestras palabras y nuestras acciones. Nos invita a hacerlo todo en el nombre del Señor Jesús. Eso nos lleva a examinar cómo trabajamos, cómo respondemos y cómo tratamos a los demás.
La gratitud puede expresarse en algo simple. Decir gracias sin hacerlo por costumbre. Cuidar lo que recibimos. Reconocer una ayuda sin atribuirnos todo el mérito. Compartir con alguien parte del bien que hemos recibido.
Hoy podemos detenernos un momento y pensar en una razón para agradecer a Dios. Después, podemos expresar nuestro agradecimiento a una persona cuyo esfuerzo hemos pasado por alto.
Todavía habrá asuntos pendientes. Pero también encontraremos un bien que merece ser reconocido. Una bendición que merece ser apreciada.
Prestemos atención. Demos gracias. Permitamos que la gratitud se exprese en nuestra manera de vivir.