Reflexión

Dar el siguiente paso con valor

Un hombre avanza por un puente de madera hacia un sendero iluminado por el sol entre los árboles.
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Lectura bíblica: Josué 1:9

«Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente: no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en donde quiera que fueres» (Josué 1:9, Reina-Valera 1909).

Hay responsabilidades que nos hacen dudar de nosotros mismos. Nos preocupa no poder. Sabemos que necesitamos actuar, pero pensamos en lo que podría salir mal. Nos preguntamos si tendremos fuerzas, si sabremos qué hacer o si estaremos preparados para enfrentar lo que viene. A veces seguimos esperando sentirnos seguros, tener garantías del triunfo, antes de empezar.

Josué recibió una gran responsabilidad después de la muerte de Moisés. Debía conducir al pueblo hacia la tierra que Dios les había prometido. Había una tarea por delante, y Dios le habló acerca del valor que necesitaría para cumplirla.

En los versículos anteriores también le indicó que prestara atención a su ley, que meditara en ella y actuara conforme a lo que allí estaba escrito. Su llamado a ser valiente iba unido a escuchar y obedecer a Dios. La dirección para sus decisiones debía venir de Él, no de su propia opinión.

Esto nos ayuda a pensar en nuestros propios desafíos. Podemos preguntarnos si aquello que estamos intentando hacer está de acuerdo o no con la Palabra de Dios. El entusiasmo por un proyecto necesita ir acompañado de esa disposición a examinar nuestros pasos, lo que elegimos.

¿Qué responsabilidad estamos dejando para después porque nos cuesta enfrentarla?

Tal vez necesitamos reconocer un error. Tener una conversación que hemos evitado. Cumplir un compromiso. Pedir ayuda para empezar a resolver una dificultad. También puede ser hacer lo correcto cuando sabemos que otros no estarán de acuerdo.

Nuestro valor se expresa en esas decisiones. Podemos sentir preocupación y aun así dar un paso adelante, buscando la dirección de Dios. No es la ausencia de dificultades lo que garantiza el triunfo, sino la presencia de Dios con nosotros en cada paso que damos.

La promesa que recibió Josué estaba relacionada con la misión que Dios le había confiado. Al leerla, necesitamos recordar ese contexto. No era su conquista personal lo que iniciaba, era la obra de Dios, el llamado del cielo. Entrar a la tierra que Dios les había prometido dar.

Hoy podemos detenernos a orar, examinar lo que su Palabra nos enseña y comprender aquello que nos corresponde hacer. Después, podemos empezar por una acción puntual. Un paso a la vez. Quizá el problema completo necesite tiempo, pero podemos avanzar poco a poco comprendiendo que no estamos solos, porque Dios está también allí con nosotros.

Habrá cosas que todavía no sabremos resolver. Ene se caso es sabio reconocer nuestros límites y buscar la ayuda que necesitamos.

Pidámosle a Dios valor para obedecer, humildad para aprender y perseverancia para cumplir con nuestras responsabilidades. Pero sobre todo, para seguirlo allí donde Él nos conduzca.

Demos el siguiente paso. Escuchemos su Palabra. Confiemos en su dirección.

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