Lectura bíblica: Lucas 16:10
«El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel: y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto» (Lucas 16:10, Reina-Valera 1909).
Hay cosas que hacemos con cuidado cuando sabemos que alguien más va a revisarlas. Prestamos atención a los detalles, cumplimos lo acordado y procuramos dar lo mejor de nosotros. Pero también hay responsabilidades que nadie parece notar. Una tarea sencilla, algo que hacemos una y otra vez. Una pequeña promesa. Algo que podríamos dejar a medias sin que nadie nos reclame.
Jesús nos invita a examinar precisamente ese aspecto de la vida. La manera en que atendemos lo pequeño también revela nuestra fidelidad. Lo que consideramos de poca importancia merece ser tratado con total honestidad y responsabilidad. Son esas cosas pequeñas las que definen quiénes somos realmente.
En este capítulo, Jesús habla de la administración de bienes y del uso del dinero. Después señala que no podemos servir a Dios y a las riquezas. Sus palabras nos llevan a pensar en aquello que guía nuestras decisiones y en cómo usamos lo que tenemos bajo nuestro cuidado.
Podemos desear una oportunidad importante, una gran obra, mientras descuidamos una que ya está en nuestras manos., pero que consideramos pequeña. Esperamos hacer algo que tenga valor y pasamos por alto aquello que podemos hacer hoy.
¿Qué estamos tratando como insignificante porque nadie parece estar observando?
Tal vez sea devolver algo que nos prestaron. Cumplir una palabra que dimos. También puede ser atender una tarea en casa sin esperar que alguien tenga que recordárnosla.
Detrás de cada una de nuestras decisiones hay personas que pueden resultar beneficiadas o perjudicadas. Lo pequeño para nosotros puede ser importante para alguien más. Una promesa incumplida puede significar que otro pierda tiempo, que tenga que repetir un trabajo o que espere una ayuda que nunca va a llegar.
La fidelidad necesita expresarse en hechos. Si descubrimos que hemos descuidado algo, podemos reconocer aquello en lo que hemos fallado y buscar así cómo corregirlo. Quizá necesitemos pedir perdón, devolver lo que corresponde o terminar aquello que dejamos pendiente.
Este pasaje tampoco nos asegura que actuar bien nos hará ricos o nos dará reconocimiento. Pero sí nos llama a ser fieles en aquello que nos ha sido confiado.
Hoy podemos elegir una responsabilidad concreta y atenderla con cuidado. Hacer lo que dijimos que haríamos. Actuar honesta y responsablemente, incluso cuando nadie nos vaya a felicitar por ello.
Pidámosle a Dios que nos ayude a reconocer el valor de esas decisiones.
Tenemos algo que cuidar. Una palabra que cumplir. Una oportunidad de vivir nuestra fe en lo cotidiano, en las cosas pequeñas, que terminan por construir las grandes.
Seamos fieles también allí.