Lectura bíblica: Lamentaciones 3:21–26
“Esto haré volver a mi corazón, por lo cual tendré esperanza. Por la bondad del Señor es que no somos consumidos, porque nunca decaen sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad. El Señor es mi porción, ha dicho mi alma; por eso, en él esperaré. Bueno es el Señor para los que en él esperan, para el alma que lo busca. Bueno es esperar en silencio la salvación del Señor” (Lamentaciones 3:21-26).
Hay días en los que nos cuesta encontrar una razón para seguir adelante. Nos hemos esforzado, hemos esperado respuestas y las cosas siguen siendo difíciles. El cansancio se acumula. Y entonces empezamos a pensar que nada va a cambiar.
Lamentaciones nos presenta el dolor con sinceridad. Antes de hablar de esperanza, el autor expresa su aflicción y su amargura. La confianza que encontramos en este pasaje nace en medio del sufrimiento. Allí, donde también nosotros necesitamos encontrar a Dios.
En el versículo 21 aparece una decisión que nos va a ayudar mucho: traer a la memoria aquello que nos permite volver a esperar. El dolor puede seguir presente, pero Jeremías, el autor de esta porción bíblica, nos recuerda que la misericordia de Dios, su compasión y su fidelidad permanecen para siempre.
¿Qué estamos recordando nosotros cuando atravesamos una dificultad? A veces repasamos una y otra vez lo que perdimos, lo que salió mal o aquello que todavía nos falta. Todo eso puede ser real. Pero también necesitamos recordar quién es Dios y lo que su Palabra nos dice de Él.
Sus misericordias se renuevan cada mañana. Hay un cuidado de Dios que alcanza este día, incluso si amanecimos con los mismos problemas de ayer. Su fidelidad nos da una razón para buscarlo y seguir confiando.
Eso no significa que todas las dificultades se resolverán hoy. El pasaje también habla de esperar. Y esperar cuesta. Especialmente cuando deseamos una respuesta inmediata o queremos entender por qué estamos viviendo determinadas situaciones.
Mientras esperamos, podemos acercarnos a Dios con honestidad. Decirle que estamos cansados. Pedirle dirección. Reconocer que necesitamos su ayuda. También podemos dar el siguiente paso que nos corresponde: atender una responsabilidad, pedir perdón, buscar ayuda o acompañar a alguien que está sufriendo.
La esperanza puede expresarse en decisiones pequeñas. En seguir haciendo el bien. En elegir a Dios aun cuando todavía tenemos preguntas.
El profeta Jeremías afirma que Dios es su porción; por eso espera en Él. Esa confianza nos invita a encontrar en Dios el sostén para vivir este día.
Hoy tal vez no tengamos todas las respuestas. Pero podemos buscar a un Dios cuya compasión no se agota.
Todavía hay razones para esperar. Su fidelidad permanece.