Lectura bíblica: Mateo 11:28–30
«Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, que yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga» (Mateo 11:28–30, Reina-Valera 1909).
Hay un cansancio que no se resuelve solamente durmiendo. Podemos terminar el día, dejar de trabajar y seguir repasando nuestras preocupaciones. Pensando en aquello que quedó pendiente, en una conversación difícil o en las cosas que sentimos que deberíamos haber hecho mejor. Peor aún, anticipando cómo pueden terminar de mal las cosas. El cuerpo se detiene, pero seguimos cargando con todo.
Jesús dirige su invitación a quienes están cansados y cargados. Nos llama a acercarnos a Él en esa condición. Podemos venir con lo que nos preocupa, con nuestras limitaciones y con aquello que todavía no sabemos cómo enfrentar.
Su invitación también incluye aprender de Él. Jesús habla de llevar su yugo, una imagen que nos ayuda a comprender que el descanso está relacionado con vivir bajo su dirección. Acercarnos a Cristo implica confiar en Él y permitir que nos enseñe cómo vivir.
¿De qué manera estamos enfrentando nuestros problemas y desafíos? A veces actuamos como si todo dependiera de nosotros. Nos cuesta reconocer un límite, pedir ayuda o aceptar que hay asuntos que necesitan tiempo. Terminamos exigiéndonos respuestas que todavía no tenemos, soluciones que todavía no llegan.
Jesús se presenta como aquel que nos recibe, como quien toma nuestras cargas, para que así nosotros podamos descansar. Podemos acercarnos con honestidad. Decirle que estamos cansados. Reconocer que hemos intentado resolverlo todo por nuestra cuenta. Pedirle que nos ayude a distinguir entre lo que nos corresponde hacer y aquello que necesitamos confiar a su cuidado.
Aprender de Él también puede cambiar nuestra manera de tratar a otros. El cansancio puede volvernos impacientes. Podemos hablar con dureza o descargar nuestra frustración sobre alguien que está cerca. En esos momentos también necesitamos su enseñanza.
Hoy podemos detenernos para orar y leer su Palabra. Analizar nuestras cargas y luchas con sinceridad. Pedir ayuda cuando la necesitamos. Atender una cosa a la vez, sin exigirnos resolver en unas horas todo lo que nos preocupa.
Habrá tareas que continúen mañana. También puede haber dificultades que permanezcan. La invitación de Jesús sigue abierta en medio de ellas.
No tenemos que esperar a sentirnos fuertes para acercarnos a Él.
Vayamos a Cristo con nuestro cansancio. Aprendamos de su mansedumbre y de su humildad. Confiemos en el descanso que nos ofrece.